
Jamás fui un entusiasta de los blogs. Tampoco mi sueño fue ejercer el periodismo. Sin embargo falta poco para que termine esa carrera. Además, escribo esta bitácora sin que nadie me lo pida. Ambas cosas forman parte de un mismo compromiso, que nace de un enorme deseo por conocerlo todo, y que vive gracias a un profundo sentimiento que me pide darlo a conocer.
Dicho compromiso es por supuesto el periodismo, un deber al que se atienen quienes cuentan lo que pasa, quienes dicen lo que escuchan, quienes toman la voz de otras personas para hablar. Pero esta lucha por crear imaginarios no siempre es altruista, y ni siquiera es desinteresada. La senda que recorre el periodista es por lo mismo una gran trampa, de donde salen cada día verdades asequibles, ya no digamos cordiales, que con el tiempo se transforman en mentiras piadosas, en cuentos fabulosos imposibles de contar.
A esta historia que nos muestran los medios mexicanos hace falta confrontarla con la historia de los propios medios. En ello reside la meta de este espacio: un cuaderno de notas sobre periodismo mexicano, escrito por un joven periodista que nos dice lo que ve, que describe las entrañas del monstruo en el que vive, que confiesa con amargura las faltas que comete, y que admite sin recelo que no todo está perdido, que hay mucho por hacer, y que es posible sobrellevar la profesión sin traicionar los ideales que le justifican.
Quiero pensar que no estoy solo en esta empresa. Acompáñame. Dime lo que piensas...
Saludos
